Ese peculiar dolor humano: la angustia.


“Arriesgarse produce ansiedad, pero no hacerlo significa perderse a uno mismo... y arriesgarse, en el más alto sentido, es precisamente tomar conciencia de uno mismo”. Kierkegaard.

Es frecuente, normal y lógico que a lo largo de nuestra vida, alguna vez nos hayamos sentido angustiados.

Atrapados por un “no se que”, en el que no vemos ninguna salida, y nos vamos hundiendo poco a poco, presos del pánico, en ese agujero negro de nuestro universo.

Y allí, solos, a la intemperie, ateridos por el frío y el temor de no saber ni tan siquiera qué nos pasa, quienes somos. Incapaces de movernos, donde ya no importa el tiempo, nos quedamos a solas con el dolor.

Porque tal vez nos podamos sentir aislados y deprimidos, pero todo sería más fácil si no fuéramos presa de ese peculiar dolor psicológico que es la angustia. Temerosos de no saber si saldremos de ese pozo sin fondo, queriendo escapar de algo que surge de nuestras entrañas y nos aprisiona desde dentro. Huyendo sin saber muy bien hacia donde, y con miedo de que la angustia avance y se apodere de nosotros. Sin querer ver no nos queda otra salida que mostrarnos ante ella, ... esperarla, debiendo superar el terror y acercarnos aún más si cabe, ... escucharla, dialogar con ella, aproximarnos abiertamente, ... atravesarla, sin saber qué será de mí al otro lado.

La angustia. Aislados de nosotros mismos, ¡qué horror!. Deseosos que desde fuera nos echen una mano, aún a sabiendas que desde fuera no pueden llegar esas manos. Ahora recuerdo un antiguo proverbio indio que dice: “Recuerda que cuando te encuentres en un apuro siempre habrá una mano que pueda ayudarte, pero no olvides que esa mano, está al final de tu brazo”.

La amenaza al sí mismo.

“Uno de los dos fue junto a su vecino porque se buscaba a sí mismo; el otro porque de buena gana se perdería a sí mismo. El desamor por uno mismo hace que la soledad se convierta en prisión”. Nietzsche.

Kierkegaard distinguía entre el miedo y la angustia, al contrastar el miedo a algo con la angustia, que es un miedo a nada en particular.

El ser humano no puede vivir en un estado de vaciedad por mucho tiempo: si no evoluciona en direccion a algo es capaz de permanecerse estancado; las potencialidades reprimidas se convierten en morbosidad y desesperación y eventualmente en actividades destructivas.

La gente experimenta angustia de muchas maneras distintas; como un “corroer” interno, como una opresión de pecho, como un azoramiento o desasosiego general.

En realidad, la angustia puede asumir toda clase de formas e intensidades, ya que es la reaccion basica de un ser humano ante un peligro que amenaza su existencia.

El miedo es una amenaza a una parte del yo: si un chico pelea, puede resultar herido, pero esa herida no pone en peligro su existencia. O cuando tenemos una cita o entrevista importante tambien sentimos miedo. Pero cuando la amenaza es lo suficientemente grande como para involucrar a la totalidad del yo, entonces, se experimenta angustia. La angustia nos golpea en lo mas íntimo de nosotros mismos, es lo que sentimos cuando nuestra existencia como individuos se ve amenazada.

Es lo cualitativo de una experiencia, y no lo cuantitativo, lo que la convierte en angustia.

Alguien puede sentir solo un ligero malestar en el estómago cuando un supuesto amigo pasa a su lado sin hablarle, pero, aunque la amenaza no es intensa el hecho de que el malestar continúe y de que se confunda y busque a su alrededor una “explicación” de por qué el amigo le hizo ese desaire, demuestra que la amenaza afecta un aspecto fundamental de sí. En su máxima intensidad, la angustia es la emoción más penosa que hace presa del animal humano.

La mayor parte de nuestra angustia, proviene de la amenaza a algún valor que sostenemos como esencial para nuestra existencia.

Los valores dominantes para la mayor parte de la gente de nuestra sociedad son agradar, ser aceptado y contar con la aprobación de los demás, gran parte de la angustia proviene de miedo a no agradar, a quedar aislado, solo o abandonado.

El coraje de tomar conciencia de si mismo.

“El corazón tiene razones que la razón no conoce.” B. Pascal

La confusión sobre lo que somos y sobre lo que debiéramos hacer es el aspecto más arduo de la angustia. Pero su lado positivo y prometedor es que así como la angustia destruye la conciencia de nosotros mismos, del mismo modo la conciencia de nosotros mismos puede destruir la angustia. Es decir, que cuanto más fuerte sea esa conciencia, tanto más firmes podremos permanecer ante la angustia y vencerla. La angustia, lo mismo que la fiebre, es un signo de que se está desarrollando una lucha interior.

Todo ser humano, decía al comenzar este artículo, experimenta angustia normal de diferentes modos a medida que evoluciona y va superando las crisis que nos presenta la vida (el destete, los celos, la entrada en la escuela, la adolescencia, la responsabilidad de tomar decisiones,… etc.). Francamente, esta angustia que podemos considerar normal, no se puede evitar.

Pero gran parte de la angustia que padecemos es neurótico, es decir que no guarda proporción con el peligro real. En la mayoría de los casos, la angustia neurótica está motivada por conflictos psicológicos inconscientes. Una persona siente miedo, pero es como si lo causara un fantasma, no sabe donde está su enemigo ni como combatirlo o escapar de él.

La angustia es la evidencia de una batalla entre la fortaleza de nuestro yo por un lado y un peligro que amenaza destruir nuestra existencia, por el otro. Cuanto más terreno gana esa amenaza, tanto más quedará rendida, mutilada y cercada nuestra conciencia. Pero cuanto más crezca nuestra fortaleza de ánimo, es decir, cuanto mayor sea nuestra capacidad para preservar la conciencia de nosotros mismos y del mundo objetivo que nos rodea, tanto menor será el poder de esa manera.

Nuestra tarea es, entonces, fortalecer la conciencia de nosotros mismos para encontrar los centros de fuerza que existen en nuestro interior que harán posible que permanezcamos firmes a pesar de la confusión y el desasosiego que nos rodea.

Iosu Cabodevilla Eraso
Revista Gestalterapia nº1 (AVTG-EHGE)